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Reactivación gradual del mercado inmobiliario rural

Publicado el 08-02-2018

Reactivación gradual del mercado inmobiliario rural

Nota al Presidente de CAIR: Mariano Maurette por El Economista

Argentina se destaca entre los países productores por la calidad de sus tierras, en este escenario la compraventa de campos supone negocios de mediano y largo plazos y a su vez, representa un eslabón necesario e irreemplazable en la cadena de los negocios agropecuarios del país.

Para conocer el balance 2017 del mercado inmobiliario rural y las expectativas para el año en curso, El Economista consultó a Cristián Beláustegui, presidente de Compañía Argentina de Tierras (CAT) y a Mariano Maurette, presidente de la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales (CAIR).

Lo que dejó 2017 En términos generales, el negocio inmobiliario rural fue mejor en 2017 que en 2016. Tanto Maurette como Beláustegui coincidieron en que hubo un antes y un después de las elecciones legislativas.

“El cierre de operaciones se condicionó mucho a las elecciones y a su vez, hubo compradores con propuestas por debajo de las expectativas de los vendedores con lo cual los negocios no se hicieron”, expresó el titular de CAT.

En tanto, el presidente de CAIR, opinó: “En términos generales fue positivo, más allá de que alguno puede estar a la espera de una reactivación más contundente”. Al consultarle si aumentó el número de operaciones respecto a 2016, respondió que si bien no existen estadísticas oficiales, de acuerdo a los relevamientos realizados hubo un mayor número de operaciones concretadas.

“El 2016 fue un año tramposo para nosotros porque creíamos que iba a ser un año de despegue, de reactivación inmediata y eso no ocurrió”, confesó.

Por su parte, Beláustegui se refirió al blanqueo y apuntó: “Si bien fue un éxito, no produjo un vuelco de inversión de los argentinos hacia tierras, en nuestro mercado no se notó”.

 

¿Repuntará en 2018?

Con respecto a las expectativas del año en curso, para Maurette, el final de 2017 poselecciones es un anticipo de lo que será 2018.

“Tengo la esperanza de que si no pasan cosas raras el mercado seguirá reactivándose y el tema de las expectativas de cada uno es lo que hace que haya desilusión o no, si esperan una reactivación abrupta creo que pueden llegar a desencantarse, pero quien está conciente de una leve reactivación que continúe a lo largo del año, va a llegar satisfecho”, opinó.

Por su parte, Beláustegui, subrayó: “Vemos que poco a poco el mercado va adaptándose a este nuevo ciclo. La gente se da cuenta que si quiere vender tiene que acomodar los precios a la realidad y la realidad hoy está dada más por la rentabilidad que por la revalorización”.

Por su parte, el presidente de CAIR señaló que los valores no deberían moverse mucho.

Al respecto, detalló que hubo un injustificado intento de suba en 2016 y ese fue uno de los motivos por los cuales también fue un año malo y aclaró: “Las operaciones que se realizaron el año pasado han sido a valores prudentes que están lejos de la suba pretendida y considero que para que esto siga reactivándose no deberían subir”.

 

Inversión en campos

En este escenario surge la pregunta de por qué invertir en tierras y no en otras opciones.

Al respecto, Maurette explicó: “Hay un dato muy concreto que lo muestra la realidad, y es que el campo argentino ha sido un excelente resguardo de capital. Tiene dos dimensiones para invertir: por un lado, el que invierte en tierras sabe que a la larga no va a perder plata, porque las curvas de valor lo demuestran; y la segunda dirección de la inversión es por la rentabilidad que va a tener de las explotaciones que realice (agricultura, ganadería, tambo, forestación)”.

Para Beláustegui, Argentina se destaca por la calidad del recurso tierra.

De esta respuesta, se desprende el interrogante sobre donde se localizan los campos que más se venden. En este sentido, el titular de CAT, fue claro y contundente: “Lo que más vale es la tierra agrícola y dentro de estas, las que tienen mayor estabilidad y productividad, se encuentran en la zona núcleo y son los campos más caros.

Allí la hectárea agrícola cuesta entre US$ 15.000 y US$ 16.000”. Por el contrario, las zonas donde menos se venden tierras, como las extra pampeanas o marginales, según comentó pueden tener un valor pero no un comprador y los precios van desde los US$ 50 hasta los US$ 200, dependiendo la zona.

 

Por Eliana Esnaola para El Economista