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Bajos: el INA advierte que hay límites para intervenir

Publicado el 21-01-2019

Bajos: el INA advierte que hay límites para intervenir

El Litoral / Política

Fuera de la polémica entre los productores y la Casa Gris, el organismo nacional sostiene que en la Región de los Bajos Submeridionales “no puede cambiarse con obras la dinámica hídrica natural”. Críticas al modelo productivo de las últimas décadas.

 

El Instituto Nacional del Agua a través de su Centro Regional Litoral, elaboró un documento a efectos de clarificar sobre la situación de emergencia hídrica en los Bajos Submeridionales. Fue elaborado por los ingenieros Ricardo Giacosa Ricardo, Carlos Paoli y Dora Sosa, quienes tienen una vasta experiencia en el tema y han participado en proyectos en la región. A continuación, se lo reproduce íntegramente. Se titula “La realidad de los Bajos Submeridionales”.

 

El Centro Regional Litoral del Instituto Nacional del Agua, desde su creación en 1973, ha desarrollado una intensa actividad en la región de los Bajos Submeridionales y brindado asistencia técnica a diversos organismos oficiales y entidades en el campo de los recursos hídricos.

 

A raíz de la situación de emergencia hídrica que en la actualidad se presenta en el norte de la provincia de Santa Fe, han surgido opiniones, diagnósticos y propuestas de solución, que si bien son respetables es necesario que se analicen en el marco de las características y restricciones físicas de la región denominada Bajos Submeridionales.

 

En 2017 a solicitud de la Provincia de Santa Fe, realizó un relevamiento del estado de situación de las obras hídricas ejecutadas en la cuenca de Bajos Submeridionales en el ámbito de la provincia de Santa Fe. A partir de ello se presenta una breve descripción y síntesis de las conclusiones y principales líneas a desarrollar.

 

Características

 

El sistema hídrico denominado Bajos Submeridionales abarca el territorio de las provincias de Santiago del Estero, Chaco y Santa Fe, siendo ésta ultima la que ocupa el 51,38 % de la región de estudio, siguiendo Santiago del Estero con (24,95 %) y Chaco con (23,57 %).

 

La región es una gran planicie, con desniveles de entre 0,30m/km en el oeste, límite con Santiago del Estero y que llegan a 0,05 m/km en la zona de los bajos propiamente dichos. Los límites naturales de las áreas de aporte se encuentran en las provincias de Santiago del Estero y Chaco y debido a la marcada pendiente de noroeste a sudeste, naturalmente los excesos hídricos vierten hacia el territorio santafesino, donde luego aportan a través de un sistema de lagunas a los arroyos Golondrinas-Calchaquí y finaliza en el río Salado. Los suelos en su mayor parte son arcillo-limosos, de difícil infiltración, con bajos que se colmatan con las lluvias. Las lluvias anuales en promedio van desde 600 mm en el oeste a 900 mm en el este, pero con máximos en años húmedos que pueden llegar a los 1.800 mm. Y la capa freática oscila cercana a la superficie del terreno natural.

 

Desde el punto de vista climático, la región de Bajos Submeridionales se encuentra afectada por la alternancia de inundaciones y sequías, lo que ocasiona situaciones críticas en las actividades productivas y en el asentamiento poblacional.

 

Debido a sus características morfológicas, edafológicas y climáticas, no se ha desarrollado en el sistema una red fluvial natural jerarquizada, es decir no existen arroyos y ríos que vayan captando los excesos de agua para llevarlos a un curso cada vez más importante. El área tiene una fuerte intervención por las obras hidroviales de canalizaciones que conforman un sistema de límites definidos artificialmente en cuanto a la dinámica de aportes y escurrimiento.

 

En términos hidrológicos prevalece la retención y el almacenamiento del agua de lluvia en esteros, lagunas y planicies deprimidas por sobre el escurrimiento superficial, que es muy lento, ocupa grandes extensiones y en términos cuantitativos es muy pequeño comparado con el agua que se almacena, se infiltra y luego se evapora o se evapotranspira.

 

En las últimas décadas, se han construido un sistema de canales que vinculan bajos y lagunas, con el objeto de aumentar el escurrimiento de las aguas y disminuir los tiempos de anegamientos.

 

Diagnóstico y líneas de acción

 

Además de las complejidades naturales que presenta la región Bajos Submeridionales, en la toma de decisiones y aplicación de acciones se encuentran involucradas las provincias de Chaco, Santiago del Estero y Santa Fe. Esto hace que la definición de problemas y soluciones tengan distintos enfoques y alcances, por lo que las soluciones deben ser consensuadas más allá de los limites provinciales.

 

La ejecución de obras de canalizaciones, obras de paso, alteos y otras, aun dentro de cada provincia sin un análisis del impacto en las provincias vecinas plantan situaciones de potenciales conflictos. Ya se ha dicho que naturalmente la región presenta períodos de alternancias de inundaciones y sequías, por lo que las soluciones deben ser analizadas de manera integral (es decir para toda la cuenca, en conjunto aguas superficiales y subterráneas y tanto excesos como déficit hídrico).

 

La actual situación de excesos hídricos tiene antecedentes en los años 1973, 1981, 1998, y si bien el factor desencadenante es la lluvia, los cambios físicos en la región (cambio de uso de suelos, desmonte, construcción de canales no oficiales, etc.) tienden a incrementar y trasladar hacia aguas abajo los excedentes hídricos.

 

A partir de los años 80 se realizó un conjunto de obras de drenaje (sistema Golondrinas y sistema Paraná), cuyo objetivo no es evitar las inundaciones sino disminuir los tiempos de permanencia de las mismas.

 

En los últimos años, se acentuó un modelo productivo agrícola que no es el más apto para la región. La demanda de algunos sectores productivos por “la falta de obras hídricas”, entendiendo por tales a incrementar las obras de evacuación de excedentes hídricos no condice con la fisiografía de la región.

 

No es posible cambiar las condiciones climáticas (que pueden a futuro presentarse peor a la luz de las predicciones del cambio climático), tampoco pude cambiarse todo el relieve natural de la región y tampoco puede cambiarse con obras la dinámica hídrica natural. Por eso, indudablemente se deben priorizar las obras de infraestructura que garanticen los accesos y obras de defensas urbanas, y caminos para acceder a las principales zonas productivas. Asegurar rutas que sean transitables aún en las condiciones más desfavorables y zonas de dormideros para los animales son medidas esenciales y de gran impacto económico.

 

Todo este tipo de obras requieren de la elaboración de un proyecto técnico que contemple el diseño y dimensionamiento hidráulico y estructural apropiado de las mismas y no pueden ser improvisadas durante la emergencia. Por ello, lamentablemente, en la crítica situación actual sólo es posible acciones de protección limitadas (a veces de dudosa efectividad) y acciones de asistencialismo.

 

Debe observarse, además, que para la situación actual no existe una solución que permita la eliminación total de las áreas anegadas, sin transferir parte de dichos excedentes hacia aguas abajo, y que en caso de que superen los límites provinciales no arrojen nuevos conflictos.

 

Lamentablemente en el momento actual y ante la criticidad de la situación sólo se pueden abordar acciones coyunturales para la emergencia; pero una vez superada ésta se deberán complementar con acciones que establecen las reglas del arte.

 

El principal desafío para formular un plan ordenador de todas las acciones futuras, ya sean obras o medidas no estructurales, es formular un plan de gestión integral (hídrico-productivo-ambiental) que no responda a la actual coyuntura, sino que sea sostenible en el tiempo, para lo cual se requiere el compromiso de los gobiernos provinciales y entidades de sectores productivos.

 

Pero es muy importante no olvidar que la Gestión del Riesgo es un ciclo que reconoce tres grandes estadios: la Prevención-Preparación, la Respuesta y Lucha contra el evento (estadio actual) y por último la Reparación, por lo que también hay que prepararse para las etapas que vienen.

 

“La actual situación de excesos hídricos tiene antecedentes en los años 1973, 1981, 1998, y si bien el factor desencadenante es la lluvia, los cambios físicos en la región (cambio de uso de suelos, desmonte, construcción de canales no oficiales, etc.) tienden a incrementar y trasladar aguas abajo los excedentes hídricos”.

 

“En los últimos años, se acentuó un modelo productivo agrícola que no es el más apto para la región. La demanda de algunos sectores productivos por ‘la falta de obras hídricas’, entendiendo por tales a incrementar las obras de evacuación de excedentes hídricos no condice con la fisiografía de la región”.



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